Por: Samuel Aun Weor
Este proceso se lleva a cabo en cuatro etapas: revelar, comunicar, concretar y crear.
1. Revela la diferenciación que nos hace ser nosotros mismos con nuestros valores centrales (ideales, pasiones, aspiraciones) y activos funcionales (conocimientos, habilidades, competencias, características). Todo lo que define nuestra persona y que, normalmente sin ser conscientes de ello, nos ofrece un valor añadido particular.
2. Una vez descubiertos nuestros valores y activos, hay que comunicarlos a los demás y hay que hacerlo con seguridad, firmeza y eficacia.
3. La tercera etapa es concretar la visión y la dirección. Es necesario saber exactamente dónde estás y qué aspiras conseguir. Aquí se encuentra la clave del cambio. Por un lado, tienes tu posición actual y, por otro, los objetivos que quieres conseguir.
4. Una vez que conocemos nuestros valores y activos y tenemos una visión clara de nuestras aspiraciones, tenemos que crear nuestro plan estratégico personal. Es el camino para llegar con éxito a la posición deseada, el que nos permitirá dirigir nuestra propia vida, generar oportunidades, transformar los aspectos negativos en positivos… y tener una absoluta confianza en nosotros.

















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