Resumen por KARLA NOVY: http://www.yogalotuslima.com
En una época en la que el mundo occidental parece haberse volcado hacia lo que algunos llaman “materialismo”, aumenta, paradójicamente, la sensación de vacío espiritual. No es casual que en las últimas décadas se hayan diseminado por occidente cientos de movimientos de carácter religioso, la mayoría de los cuales tienen origen oriental. Estos van desde las distintas variantes del budismo hasta las diversas formas de artes marciales pasando, claro está, por las múltiples corrientes que ofrece el yoga.
Todo ello, sin embargo, no es otra cosa que la expresión del anhelo profundamente enraizado en el ser humano por acceder a una experiencia matafísica del mundo. Una experiencia que está por encima de lo que podemos medir, pesar, definir, clasificar e incluso pensar si restringimos esta última actividad a su aspecto intelectual. Pero si es que aprendemos a pensar con todo nuestro cuerpo podemos llegar a darnos cuenta que nuestro cuerpo no está limitado por nuestra piel. Se trata de recordar aquello que los orientales saben desde hace más de 2,500 años: que el ser humano es una unidad y no una dualidad de cuerpo y alma.
Esto se hace patente, por ejemplo, en el olvido de Dios que es uno de los rasgos culturales más marcados de la civilización occidental. Y es que, como dice Raimon Panikkar, “no se puede hablar de Dios sin un previo silencio interior y sin concluir también en el silencio”. Dios nos remite, en efecto, al ámbito del misterio, de lo inexpresable, de aquello que incluso, en ciertas culturas, ni siquiera puede ser nombrado porque ello significaría cosificarlo y perder de vista su condición infinita.
Y la experiencia metafísica hace referencia, precisamente, a la tarea de redescubrir esa luz divina y eterna. Y para ello hace falta una práctica rigurosa, un disciplinado ejercicio para despejar la mente de la telaraña que la rodea y para que pueda ver la vida con natural serenidad. En oriente se alcanzo un estado de conciencia superior a través del cuerpo, y los diferentes ejercicios respiratorios utilizados tanto en el yoga como en las artes marciales, se produce un nivel de elevación de conciencia a través del cuerpo.
En el mundo moderno de hoy, la vida es muy agitada haciendo más difñicil reencontrarnos con nosotros mismos. Para lograr estar con uno mismo es necesario volver a practicar el silencio y la quietud. En tal sentido, el yoga y las artes marciales juegan un papel decisivo para que la luz se haga presente en la juventud occidental de hoy.
De ahí su importancia y de ahí, también, la notable acogida que tienen en la actualidad.
conferencia “La metafísica oriental”
Por: Carlos Velaochaga Dam

















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