El Camino del Guerrero

Por Giovanni Gibaja • 28 Agosto, 2008 • Categoría: Artículos

Hace muchos años atrás cuando me inicie en la práctica de las artes marciales, recuerdo que mi principal motivación era acabar con los malos, como en las películas. Ser un héroe. Alguien que poseía una fuerza y habilidades insuperables; claro está, que encontrar a los malos es más fácil en las películas que en la vida real, no porque no existan, sino porque la vida carece de esa simpleza cinematográfica.

Tenía yo 6 años de edad y practicaba Karate. Algo que recuerdo con mucha gracia el día de hoy es que yo era más karateka cuando terminaba las clases con mi Sensei. Apenas podía esperar el irme de mi Dojo para saltar y tirar patadas, liberado de todo molde, a la vista de mis amigos. En ese tiempo incluso los que no practicaban eran todos excelentes exponentes de las artes marciales. A los gritos más increíbles se realizaban hazañas y combates que harían sonrojar hasta el mismo Jackie Chan. Que buenos tiempos. Recuerdo una vez, que una de estas peleas imaginarias nos devolvió a la realidad de la forma más inesperada, una patada voladora de más de…30 cm de impulso, alcanzo la pierna de mi amigo Abel o Abelucho – como era conocido por su nombre de batalla – al momento, motivado por el dolor y un espíritu Shaolin de venganza, Abelucho me lanzo un golpe en la barbilla; los gritos callaron y ambos pudimos escuchar nuestra agitada respiración. Unos segundos después, la guerra había comenzado – creo que así se inicio mi verdadero interés en la práctica de las artes marciales – nos separaron y los dos estábamos llorando, ninguno había podido sentirse ganador. En el más completo desorden habíamos lanzado todo tipo de golpes sin conocer su resultado, ya no nos importaban mucho nuestros asombrados espectadores, una pandilla de similar edad que al ver que nos llevaban a casa, reanudarían sin mucha memoria los legendarios combates. Al día siguiente Abelucho y yo volveríamos a encontrarnos, pero esta vez, después de un breve debate, yo sería el bueno y Miguel el villano. Después volveríamos a repetir las más increíbles técnicas y movimientos por horas, antes de ir a la ducha y luego a dormir, sin sabernos cansados, para soñar, quizá, los fantásticos encuentros del día siguiente.

Algunas cosas han cambiado a la fecha. Los golpes en un combate deben de entrenarse para ser efectivos, no se puede perder la concentración, se debe conservar un pensamiento crítico para poder definir en milésimas de segundo la situación, la ventaja y la desventaja, se debe dominar la respiración y las emociones, se debe definir y concretar la estrategia de combate más efectiva, no se debe pensar en ganar o en perder si esto te coloca en desventaja, se debe buscar la correcta reacción en el momento correcto; finalmente se puede, si el corazón es generoso, respetar al adversario, estrechar su mano adolorida por estrellarse con tus huesos, apretándola con aprecio, este es otro como uno, que ha llegado a honrar, lo sepa o no, el camino del guerrero.

Es muy necesario que el verdadero practicante de las artes marciales entienda que ganar o perder puede ser confuso, sobre todo cuando el Dojo se ha convertido poco a poco en la vida misma. Sin embargo, esta es mi apreciación: No debemos olvidar que llevaremos una recompensa por nuestras decisiones, si seguimos en pie es porque no estamos vencidos. Esfuércense como cuando niños por disfrutar este camino.

Giovanni Gibaja es instructor de artes marciales y empresario, una de sus mayores satisfacciones es integrar el conocimiento de las artes marciales a la vida diaria.
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2 Comentarios »

  1. la vida adulta nos hace olvidar ese disfrute infantil tan bacán, gracias por recordárnoslo Giovanni

  2. Hey, que tal!, tu no eres primo del “chaira” de San Gabino? (años atrás)

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