Mamá e Hija comparten su experiencia practicando en el MZ
Por Carolina Valdez • 1 Julio, 2008 • Categoría: Noticias
Quiero compartir con ustedes la forma en que esta práctica me unió con mi hija.
Llevaba unos meses practicando Muay Thai en el Moving Zen, desde el principio me gustó y disfrutaba mucho entrenar. En ese momento mi hija, Adriana, “Kuki” como le digo de cariño, tenía 10 años y asistía a clases de música, arte y natación. Yo percibía que este deporte no la motivaba, porque no le gustaba la rutina repetitiva del entrenamiento en el agua, la asustaba el profesor y pocas veces la veía ir a nadar con entusiasmo.
Mi hija necesitaba encontrar un deporte que le gustara, que la hiciera feliz, que gozara al practicarlo y necesitábamos ambas realizar una actividad que nos permitiera compartir un tiempo entre mamá e hija. Pensé varias veces en animarla a aprender boxeo tailandés, pero creía que la contundencia y fuerza del arte marcial que yo practicaba, no encajaría con su perfil: tímida, delgadita y delicada. No me la imaginaba metiendo rodillazos, ni codazos y menos haciendo sparring.
Comentando mi inquietud con un amigo, él me convenció para llevarla a probar, aunque sea, una clase de Muay thai. Hoy le doy las gracias. Se lo propuse a mi hija pensando que se negaría pero aceptó, con desgano y poca curiosidad pero aceptó. Al día siguiente estábamos en el Moving Zen.
El primer día fue emocionante. Adriana llevaba un short thai negro y un polito donde aparecía Betty Boop con guantes rojos, atuendo que ella vio y eligió antes de entrar a las clases. Se veía hermosa. El ambiente de un dojo era completamente ajeno a ella sacos meciéndose, puños, patadas, sudor, muchos chicos, gritos de guerra, etc.
Jimmy Pool se presentó muy amable y preguntó: ¿Cómo se llama esta guerrerita? toda la clase la dedicó a ella, después de saltar una soga corta especial para su tamaño, le enseño como pararse, como golpear y como meter patadas. Ella hacia todo con mucha soltura y gracia. No se echó para atrás en ningún momento. Saltó la soga con agilidad, pateó los paos y le dió al saco. Las clases le gustaron y tengo que confesar que yo me derretía de orgullo.
Desde ese día hasta hoy no ha dejado de practicar. Ya cumplió dos años entrenando y ha dado un cambio significativo en su vida, creció, ganó peso, se hizo más fuerte, sumó confianza, autoestima y soltura, ha hecho muchos amigos de todas edades, y tiene mejores habilidades sociales, tiene un bonito estilo, mete buenos golpes y sobretodo sabe defenderse.
Gozo mucho cuando la veo entrenar, cuando me dice: ¨ Mami vamos, se hace tarde para el box ¨. Porque se que le gusta y la ayuda a ser mejor persona. Sabe que no debe abusar de los demás. Gozo aun más cuando vamos a entrenar juntas, hacemos nuestros maletines, vamos al Dojo, calentamos, entrenamos, jugamos, hacemos bromas, nos metemos nuestros sparrings, nos abrazamos y de vez en cuando nos picamos.
El Muay Thai es un tema que compartimos, es un lenguaje que manejamos, juntas vemos videos, revisamos fotos y las comentamos. Es lo que me permite comunicarme con ella auténticamente, es cuando aprovecho para conversar con mi hija sobre otros temas y ganar su confianza.
En el colegio le asignaron una investigación que tiene que ser hecha a lo largo de todo este año con ayuda de los padres, Adriana ha elegido como tema el Muay Thai.
Definitivamente el Muay Thai me une mucho con mi hija. Para los padres que quieren compartir con sus hijos un tiempo de ocio de calidad, saludable y divertido, les recomiendo el boxeo tailandés.
Finalmente, con este artículo quiero agradecer a Jimmy Pool y Frank Paredes por su dedicación y paciencia con mi hija, con mi guerrerita.
“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.
Benjamin Franklin
Carolina Valdez es practicante de Boxeo Tailandés y Commando krav Maga.
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Una experiencia muy distinta a las q se pueden dar en una escuela de artes marciales, y la valoracion de esta muy al estilo Moving Zen